El 11-S provocó el abrupto paso del Consenso de Washington a la cooperación antiterrorista

En un momento en el que espacialmente Sudamérica transitaba un giro de muchos Gobiernos hacia posiciones más progresistas, la potencia hegemónica tras el fin de la Guerra Fría sintió el impacto de los atentados de Al Qaeda y comenzó a controlar sus accesos con un celo inédito.

«La guerra global contra el terrorismo» que desataron los atentados del 11-S en el corazón simbólico de Estados Unidos tuvo su capítulo en América Latina, cuyos países dejaron de ser medidos sólo con la vara económica planteada en el Consenso de Washington a la exigencia de un alineamiento en la cooperación antiterrorista, en un momento en el que espacialmente Sudamérica transitaba un giro de muchos Gobiernos hacia posiciones más progresistas.

Estados Unidos, la potencia hegemónica tras el fin de la Guerra Fría, sintió el impacto de los atentados de Al Qaeda en Nueva York y en Washington, y comenzó a controlar sus accesos con un celo inédito.

Sin dejar de ocupar un rango secundario en la agenda exterior de Estados Unidos, los países de la región que se habían alineado con el Consenso de Washington eran tratados hasta el día del atentado como amigos, pero pasaron a la categoría de potenciales sospechosos en cuestión de horas.

«Estados Unidos comenzó a mirar la región desde un enfoque de seguridad, que vuelve a una dinámica como de la Guerra Fría. Esto le da visibilidad a algunas burocracias militares»
JUAN NEGRI, POLITÓLOGO

Las «relaciones carnales» -como se conoció en la Argentina de los 90 a esa política de subordinación económica a los dictados de Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM)-, que permitían a un pequeño sector de la sociedad visitar Estados Unidos sin trabas de ningún tipo, fueron canceladas y cualquier tránsito por ese país comenzó a requerir trámites previos, además de paciencia y suerte para superar los numerosos controles en los aeropuertos.

Pero aparte de los cambios vinculados con el turismo que alentaba el dólar barato, hubo otros, más estratégicos, que se expresaron en la región con la sanción en cadena de leyes antiterroristas y con una mayor presencia estadounidense en temas de seguridad y control.

«Hubo un acompañamiento de la región tras los atentados. La Organización de Estados Americanos (OEA) se manifestó en contra de la asistencia al terrorismo en la región. Se hablaba de ‘la familia americana’, pero inmediatamente después quedó en evidencia que, lógicamente, la preocupación de EEUU estaba enfocada en otras partes del mundo», dijo a Télam el politólogo Juan Negri, profesor del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella.

«De todas maneras, la región ingresa en la guerra contra el terrorismo en algunos puntos clave de la agenda, y se pone un foco en Colombia y la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) por la posible existencia de actividades terroristas, aunque finalmente nunca se comprobó que (la milicia-partido libanés) Hezbollah o (el movimiento palestino) Hamas tuviesen actividad logística o financiera en esos lugares», continuó.

«Se hablaba de ‘la familia americana’, pero después quedó en evidencia que la preocupación de EEUU estaba enfocada en otras partes del mundo»
JUAN NEGRI

«Estados Unidos comenzó a mirar la región desde un enfoque de seguridad, que vuelve a una dinámica como de la Guerra Fría. Esto le da visibilidad a algunas burocracias militares, sobre todo en Colombia y Brasil, que habían quedado marginadas (tras las dictaduras) en algunos países y recuperaron cierta centralidad, que aún mantienen», destacó Negri.

Sin embargo, este nuevo escenario se presenta en simultaneidad, sobre todo en Sudamérica, con el acceso al poder de Gobiernos progresistas, con discursos populistas y más díscolos a los alineamientos incondicionales con EEUU, tanto en la economía como en la política.

«Efectivamente, coincidió con algunos cambios en la región, con la búsqueda de una autonomía distinta con la elección de Gobiernos progresistas», dijo Negri ante la consulta de Télam.

«Pero también es verdad que EEUU siguió trabajando la región en temas de su interés, como comercio libre, migración ilegal y lucha contra las drogas», matizó.

Frente a la misma consulta de esta agencia sobre la sincronía entre la guerra global contra el terrorismo y el surgimiento de Gobiernos progresistas en Sudamérica, el politólogo y magister en economía colombiano Jorge Bustamante, exdirector del Departamento Nacional de Estadística de su país, ubicó el origen de estos Gobiernos de centroizquierda en las consecuencias de la concentración económica y la devastación que provocó el Consenso de Washington.

Ese acuerdo, que aplicó en los países emergentes las teorías privatizadoras aplicadas en el Reino Unido por la conservadora Margaret Thatcher y un decálogo que incluía disciplina fiscal, tasas de interés, privatizaciones y desregulaciones, entre otros puntos, «arrasó con la economía de los países».

«El FMI y el BM empiezan a concretar los ajustes económicos, que llegan hasta el año 2000 y son la base de la gran crisis financiera internacional de 2008», explicó Bustamante.

«El detonante de una parte del terrorismo son los negocios ilegales, la cocaína, la marihuana»
JORGE BUSTAMANTE

«En cuanto al tema del antiterrorismo, tras los atentados del 11-S se refuerza una estrategia de presencia militar, de observancia de inteligencia en la que EEUU entra de lleno. Monta en Utah el laboratorio de inteligencia más grande e invierte 50.000 millones de dólares en el primer año para comprar el acceso a través de las redes a todas las comunicaciones, aunque finalmente la Corte estadounidense revocó la potestad de intervenir en las comunicaciones de todas las personas» a nivel global, agregó el politólogo colombiano.

A diferencia de la mayoría de los países de la región, en 2001 Bogotá ya tenía un paquete de seguridad acordado con Washington, el Plan Colombia, contra las drogas, el crimen organizado, la violencia y el terrorismo, que se firmó en 1999.

«En Colombia estaban activas las FARC, el ELN, los carteles de la droga… porque el detonante de una parte del terrorismo son los negocios ilegales, la cocaína, la marihuana», señaló Bustamante.

Fuente: Telam

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