El gasoducto ruso-alemán Nord Stream 2, terminado tras años de tensiones

Se trata de un colosal proyecto de dos tuberías con una longitud total de 1.234 kilómetros. Para sus detractores, tanto en Europa como en Estados Unidos, la obra incrementará la dependencia energética europea de Rusia.

Rusia anunció este viernes que terminó la obra del gasoducto Nord Stream 2, un colosal proyecto de dos tuberías con una longitud total de 1.234 kilómetros que suministrarán gas ruso hacia Alemania a través del mar Báltico y que -según sus detractores- hará que Europa sea más dependiente de Moscú.

Así lo informó Alexei Miller, director general de Gazprom, la empresa gasífera fundada durante el periodo soviético y controlada actualmente por el Estado ruso, quien precisó que exactamente a las 8.45 hora de Moscú (2:45 hora argentina), la construcción del ducto se había «completado totalmente», informó la agencia de noticias AFP.

Moscú considera un triunfo el anuncio del proyecto de casi 12.000 millones de dólares, desarrollado en medio de constantes tensiones diplomáticas que llegaron a ser tan fuertes -especialmente con las sanciones estadounidenses hoy suspendidas- que algunos sospecharon que jamás se materializaría.

Para sus detractores, tanto en Europa como en Estados Unidos, la obra incrementará la dependencia energética europea de Rusia, considerado un rival estratégico por muchos países occidentales, además de representar una traición para los intereses de Ucrania, un aliado occidental frente a Moscú.

Hoy, tras el anuncio de Gazprom, el vocero de la Presidencia ucraniana, Serguei Nikiforov, dijo que que Kiev continuará luchando contra el gasoducto, incluso después de que empiece a suministrar combustible.

«El presidente siempre ha dicho que Ucrania lucharía contra ese proyecto político de Rusia antes de que fuera finalizado, después de que eso ocurriera, e incluso después del inicio de los suministros de gas», dijo.

También Estados Unidos lamentó la conclusión del proyecto, al que calificó de un «mal negocio» para Europa, según consignó la agencia de noticias Sputnik.

«Lo hemos dicho antes y lo seguiremos repitiendo. Creemos que este (Nord Stream 2) es un mal negocio y seguimos oponiéndonos a este gasoducto como un proyecto geopolítico ruso. Eso es un mal negocio para Europa y, por supuesto, socava la seguridad energética de la mayor parte de la comunidad euroatlántica», dijo la vocera principal adjunta del Departamento de Estado norteamericano, Jalina Porter, en una rueda de prensa.

En cambio, desde Moscú, la portavoz de la diplomacia rusa, Maria Zajárova, elogió «una de las mayores construcciones energéticas del mundo» e indicó, que según Gazprom, las primeras entregas de gas podrían realizarse antes de que «termine este año» si el regulador alemán lo autoriza.

«Para todos, incluidos los opositores del gasoducto que desesperadamente se oponían a la construcción: evidentemente, detenerlo es imposible. Es hora de parar de obstaculizar este importante proyecto», enfatizó en un video publicado por el ministerio en Instagram.

En ese sentido, el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, pidió que la instalación entre en funcionamiento «cuanto antes».

El Nord Stream 2 duplicará el suministro de gas ruso hacia Alemania, principal impulsor del proyecto.

Sin embargo, tendrá que lidiar con las nuevas reglas de la Unión Europea (UE) sobre transporte de gas, contra las que el gigante del gas ruso presentó recursos.

En qué consiste el gasoducto

El proyecto fue realizado por la firma Nord Stream AG, fundada por Gazprom, y cuenta con inversiones de las compañías Engie, Omv, Shell, Uniper y Wintershall Dea. La construcción del gasoducto comenzó en el 2018.

Su punto de partida se encuentra en la localidad de Ust-Luga, en la provincia rusa de Leningrado, desde donde se proyecta por el fondo del mar Báltico a través de las zonas económicas y aguas territoriales de Dinamarca, Finlandia y Suecia, para terminar en la ciudad alemana de Greifswald.

El ducto, que tiene una capacidad de transporte de 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año, sigue el mismo trayecto que su hermano gemelo, el Nord Stream 1, activo desde 2012.

Tensiones diplomáticas

Durante años, el proyecto provocó tensiones entre Washington y Berlín, pero también dentro de Europa.

Desde un principio, Estados Unidos manifestó su desacuerdo con Nord Stream 2, al señalar que el ducto podría debilitar a Ucrania y reforzar los intereses de Rusia, en un momento en el que los estadounidenses desean vender gas de esquisto a los europeos.

La administración del expresidente estadounidense Donald Trump aprobó una ley, en 2019, para imponer sanciones a las empresas implicadas en ese proyecto.

En consecuencia, las obras, que habían empezado en 2018, se vieron interrumpidas en diciembre de 2019, cuando solo quedaban por instalar 150 kilómetros de ducto en aguas alemanas y danesas. Los trabajos no se retomaron hasta un año después.

Finalmente, la llegada al poder de Joe Biden favoreció el entendimiento con Alemania al respecto y puso fin a la polémica.

El líder demócrata renunció a bloquear el proyecto, al considerar que ya era demasiado tarde y era más interesante apostar por la alianza con Berlín, de quien Washington espera obtener respaldo en otros frentes.

El punto neurálgico de las tensiones es, no obstante, Ucrania -en conflicto con Rusia desde la anexión de la Península de Crimea en 2014-, ya que el gasoducto puede privar a ese país de al menos 1.500 millones de dólares al año que recibe actualmente por el tránsito del gas ruso por su territorio hacia Europa, además de hacer a Kiev más vulnerable a Moscú, según argumentan sus detractores.

Criticada por este punto, la canciller alemana, Angela Merkel, subrayó a finales de agosto en Ucrania que su país haría todo lo posible para que se prolongue el contrato de tránsito ruso-ucraniano, que expirará en 2024, e insistió en que Moscú no debía utilizar el gas como «un arma».

El presidente ucraniano, Vladimir Zelenski, le había recalcado a la canciller que el Nord Stream 2 puede ser un «arma geopolítica peligrosa».

Los países europeos, por su parte, están divididos. Polonia y los países bálticos expresaron su preocupación porque el bloque acabe cediendo a las ambiciones rusas.

Dentro de la UE, Alemania es el principal promotor de las instalaciones que, según Berlín, es un proyecto ante todo económico, que le ayudará a cumplir con sus planes de transición energética.

Sin embargo, ni siquiera en Alemania el Nord Stream 2 genera unanimidad.

Un informe del instituto de investigación económica alemán DIW señalaba en 2018 que el gasoducto estaba basado en unas previsiones que «sobrestiman considerablemente la demanda de gas natural en Alemania y en Europa».

Fuente: Telam

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