El primer ministro iraquí presenta su dimisión tras dos meses de violencia

Desde el 1 de octubre, multitudinarias manifestaciones han exigido el fin del sistema político que sucedió al ocaso de Sadam Husein.

Tras dos meses de protestas que han dejado 400 muertos y 15.000 heridos, el primer ministro iraquí Adel Abdel Mahdi arroja la toalla. El político chií, al frente del Ejecutivo desde octubre de 2018, ha enviado este viernes su dimisión al Parlamento horas después de que el ayatolá Ali al Sistani, la máxima autoridad chií del país, instara al Hemiciclo a retirarle el apoyo al Gabinete.

La renuncia, anunciada a través de la televisión estatal y pendiente de ser ratificada por el Parlamento en los próximos días, se produce tras la sangrienta jornada de este jueves cuando la represión de las fuerzas de seguridad segó 45 vidas en las ciudades sureñas de Nasiriya y Nayaf y la capital iraquí. Desde el 1 de octubre, multitudinarias manifestaciones han exigido el fin del sistema político que sucedió al ocaso de Sadam Husein.

«Como respuesta a la petición de Al Sistani y para facilitar y acelerar su implementación lo más rápido posible, remitiré al honorable Parlamento una carta oficial solicitando mi renuncia como primer ministro para que revise sus opciones», ha señalado el «premier», un tecnócrata de 77 años. La dimisión, a la que se había resistido durante semanas, ha sido recibida con júbilo en la plaza Tahrir de Bagdad, uno de los epicentros de una oleada de protestas sin precedentes en el país.

La multitud, sin embargo, ha advertido de que la contestación no cesará hasta que se cumplan unas demandas que piden el fin de un sistema corrupto que ha marginado a amplios sectores sociales. Este viernes, en una jornada marcada por los funerales de las víctimas de la represión, el discurso de Al Sistani ha terminado provocando el derrumbe definitivo del Gobierno, que en las últimas semanas había perdido el apoyo de bloques parlamentarios clave como la alianza que encabeza el popular clérigo chií Muqtada al Sadr.

«Teniendo en cuenta las difíciles circunstancias que atraviesa el país, y debido a lo que parece ser una clara incapacidad en las autoridades pertinentes para lidiar con los desarrollos de los últimos dos meses de un modo que preserve los derechos y detenga el derramamiento de sangre, el Parlamento, del que surgió el actual Gobierno, debe revisar sus opciones en este asunto y comportarse como los intereses de Irak exigen para salvar la sangre de sus hijos», ha manifestado Al Sistani en la alocución de los viernes, leída por su representante Ahmed al Safi.

El ayatolá, que ha respaldado las protestas desde sus inicios, ha instado, además, a la Cámara a aprobar una reforma electoral que conduzca al país hacia unos comicios anticipados «libres y transparentes». «Lo contrario solo provocará que el país pague un alto coste que todos lamentarán», ha deslizado. «Los enemigos y sus agentes buscan alcanzar sus despreciables objetivos propagando el caos, la destrucción y arrastrando a la nación hacia una guerra civil para que luego regrese a una era dictatorial infame», ha agregado.

La incógnita ahora es si el Parlamento aceptará la renuncia, que amenaza con abrir un período de vacío de poder mientras las alianzas presentes en un heterogéneo y atomizado Hemiciclo acuerdan la designación de un sucesor y se configura un nuevo Gabinete. «El primer ministro tendrá que presentar personalmente su dimisión en una sesión que probablemente se celebre el domingo. El Parlamento tendría que solicitarle que remita esa renuncia al presidente», avanza a EL MUNDO el diputado kurdo Sarkawt Shams.

A principios de este mes Abdel Mahdi ya ofreció su renuncia, supeditada entonces a que los principales partidos hallaran un reemplazo. «El primer ministro ha expresado su voluntad de enviar su renuncia, reclamando a los bloques políticos que alcancen una alternativa aceptable», arguyó el presidente iraquí Barham Salih. La negativa de Fatah, la segunda alianza parlamentaria liderada por el chií Hadi al Amiri, frustró la iniciativa.

La tumba del primer ministro y un Gobierno superado por la cadena de protestas se fraguó este jueves, con las imágenes de brutales cargas policiales y el uso de munición real para enfrentarse a manifestantes pacíficos. Al menos 29 personas perdieron la vida en la ciudad de Nasiriyah, a 370 kilómetros al sureste de Bagdad, en una represión registrada en la madrugada. Durante horas, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra las protestas. Los choques se han reanudado a primera hora de este viernes.

«Fue una auténtica masacre. Sucedió después de que las fuerzas de seguridad enviadas desde Bagdad asaltaran puentes y carreteras de la ciudad», relata a EL MUNDO Mustafa, un testigo de la violencia. «Los manifestantes volcaron su rabia quemando la sede de uno de las unidades policiales», añade. Las tribus del enclave se habían organizado desde entonces para impedir la llegada de refuerzos policiales, exigiendo la disolución del Parlamento, la formación de un Gobierno transitorio de tecnócratas y la investigación de la violencia.

Horas antes, una multitud rodeó y prendió fuego al consulado iraní en la también urbe sureña de Nayaf. La cadena de protestas -inaugurada el 1 de octubre en el sur del país, de mayoría chií- ha puesto en jaque el orden político diseñado desde el ocaso de Sadam, entre denuncias de corrupción, falta de servicios públicos y desempleo, especialmente dramático entre la población más joven. La élite formado por políticos y caudillos de las milicias chiíes se enfrenta, además, al descrédito por las filtraciones de documentos que revelan la profunda interferencia de Teherán en los asuntos internos del país vecino.

El Mundo

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